21 may. 2012

Se aproximan florituras y no precisamente salvajes

Creo que todo empezó allá por agosto del año pasado. Yo que siempre había sido más de pantalón que de vestido para el día a día encontré un vestido "agitanao", según mi hermano, en el armario de mi abuela. Le puse un cordón negro debajo del pecho para que no me quedara tan grande, me calcé mis bailarinas negras y llamé a mi hermano por si quería acompañarme a comprar el pan.. el cual en cuanto me vio me dijo: 

-"¿Pero.. te vas a vestir no?" 

-A lo que contesté: "Sí, yo ya estoy lista. ¿Te vienes o voy yo?" 

-La cara de mi hermano, un poema. Y su respuesta: "¿así vas a ir..? Laura creo que deberías cambiarte, yo así no te acompaño.

Pero yo agitanada o no, estaba contentísima con mi nueva prenda y no hubo forma de quitármela en todo el día. Y me la puse más veces durante los días de verano. Aquí os la presento:


La racha de los vestidos siguió cuando mi tía me dio un vestido que ya no se ponía, el cual customicé como os expliqué en este post:  la chica del vestido rosa y los mocasines marrones 

Para ir a la piscina o la playa siempre he sido muy de pantalones o vestidos vaporosos, así como de pareos largos. Pero para el día a día el pantalón es mi básico. En Londres me enamoré de los vestidos retro de sus tiendas vintage, se convirtieron en mi paraíso. Pero tal vez no tenga tanta personalidad como para vestir cada día con un "vestido de abuela" (como yo los llamo) por las calles de mi ciudad natal. Aunque sí que tengo en mente buscar y encontrar uno que sea especial para convertirlo en mi prenda gourmet del armario para algunos día de diario. 

Ya estamos en mayo y hace unas semanas comentaba con una amiga que preveía con miedo mi futura "época lady" cuando yo no he sido nada de eso. Con época lady me refiero a un estilismo a lo más Blair Waldorf partiendo de la base de que eso de ser recatada, presumida e impecable no son mis pautas en el vestir. A mi me gusta más la elegancia no pactada, aquella que tiene un poco de caos, que mezcla lo dulce con lo amargo. El minimalismo deshecho por un collar o un bolso de piel desgastado. Unas botas de agua acharoladas impecables pero un par de rotos en el jersey de lana.  Unos mocasines a los que les falta betún con un vestido de la más exquisita gasa encontrada.  

Empezando a cogerle tirria a los pantalones de tela rígida largos (los típicos vaqueros o chinos de toda la vida) preveo mi época lady de florituras varias. Tal vez sea solo una nueva racha, un cambio de aires fortuito. Habrá más vestidos en mi armario pero creo que siempre sentiré esa necesidad de romper con la armonía de look, porque me gusta todo aquello que rompe con las expectativas previstas, aquello que desencaja y te deja con la cara ladeada pensando si es del todo correcto o no. 

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