20 jun. 2013

It's one dance



Hay gente a la que le fascinan los aeropuertos, dicen que se sienten personas importantes cuando pisan ese suelo encerado y abrillantado. Que es lugar de encuentros y despedidas. 

Pero a mi los aeropuertos siempre me dieron un poco igual.

Ayer fui a uno otra vez y volví a escuchar una de esas frases típicas de aquellos que aman los aeropuertos.

"Cuando no creas en el amor visita un aeropuerto para volverlo a recordar"

Estábamos en la puerta de salida. Había poca gente esperando para recibir a los pasajeros que venían de viaje. Pero me fijé en una chica de unos treinta años, pelo rizado, sandalias y pantalones anchos. Esperaba callada y con un nerviosismo entre sus venas. 

Tres minutos después de escuchar la frase anterior empezaron a salir pasajeros por la puerta. Entre ellos un chico moreno, con una mochila de las típicas de peregrinación en lugar de maleta. 

Al ver a la chica de los pantalones anchos la cogió en el aire con un gran abrazo y un beso eterno. Todos entonamos un "Ohhh..." Se notaba que la espera había sido larga, y no refiero a la de ese día de viaje. Sino a la que versaba de entre los días de despedida, y ahora necesitaban palpar en un fuerte abrazo, de esos que duelen, que era verdad que los dos estaba ahí. Que se podían tocar. Que los kilómetros no existían. 

También vimos otra gran muestra de amor cuando una mujer de melena al hombro y maleta de ruedas salió de la puerta y una niña de seis años se le abalanzó, abrazando sus piernas, mientras corriendo gritaba "mamaaaaaaaaa"

Y me di cuenta de que empieza la época de los amores pasajeros.

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